PENSANDO EN 2010

9 de diciembre de 2008

Como viene siendo habitual, los equipos orientan sus traspasos hacia dos direcciones. La primera, es la más lógica y normal, la búsqueda del anillo de la NBA. Casos como este lo vivimos en nuestras propias carnes la temporada pasada, con la llegada de Pau Gasol a Los Ángeles Lakers, con quien el equipo angelino buscaba dar ese salta de calidad definitivo que les hiciera colarse en la lucha por el anillo. Es lo que se conoce habitualmente como “Ring Trade”, o “traspaso para el anillo”. Algunos no acaban del todo bien, como este mismo de Pau (al menos a corto plazo), o los estrepitosos fracasos de Phoenix adquiriendo a Shaquille O’Neal o Dallas con Jason Kidd. Otros, sin embargo, sí que tienen un efecto inmediato. Detroit se hizo con los servicios de Rasheed Wallace para terminar de apuntalar una plantilla ganadora y conseguir su primer título en 14 años. Miami movió media liga para hacerse con Antoine Walker, James Posey y Jason Williams y hacerse con el anillo esa misma temporada 2006. El caso más cercano, el de los Boston Celtics la temporada pasada. Se desprendieron de una buena cantidad de jóvenes jugadores de mayor o menor talento y en cambio se hicieron con dos jugadores de “Hall of Fame” para formar su actual “Big Three”. El resultado, su decimoséptimo título de campéon. Todos ellos, traspasos con un marcado acento, los resultados a corto plazo. En lo que va de temporada regular, el traspaso entre Denver y Detroit que movió, principalmente, a Allen Iverson y Chauncey Billups parece encaminado a ese fin. Veremos que tal acaba la historia.

Sin embargo, la otra dirección que toman los traspasos en la liga van buscando deshacerse de masa salarial. Se busca espacio para poder hacerse a la temporada siguiente con un buen agente libre que termine de apuntalar una plantilla o en torno al cual construir el futuro de la franquicia. Lógicamente, también se busca la consecución de un anillo, pero a largo plazo, con más visión de futuro. El traspaso de Pau Gasol tuvo esa doble vertiente. Mientras Lakers se hacían con una pieza que terminara de cuadrar su puzzle ganador, Memphis se hacía con jugadores de muy bajo nivel deportivo o incluso oficiosamente retirados. Kwame Brown acababa su contrato de 6 millones de dólares, mientras que Derrick McKey ya ejercía de asistente en Philadelphia. Al terminar la temporada regular estos contratos se convertían en más de 10 millones de dólares que ofrecerle a algún agente libre disponible. La camada de este año era buena, con nombres como Elton Brand, Baron Davis, Corey Maggette, Andre Iguodala, etc. Al final, Memphis ofreció un contrato a Josh Smith, pero los Hawks igualaron su oferta y el alero no tuvo que hacer las maletas.

Lo que ha ocurrido este último mes en la Liga es, desde mi punto de vista, de locos. Los Knicks han deshecho una plantilla que pintaba a luchar por los playoffs pensando en la contratación de agentes libres… ¡en verano de 2010! Cierto es que no son cualquier jugadores, sino que se trata de Lebron James, Dwayne Wade y Chris Bosh, los tres máximos anotadores a día de hoy en la Liga. Los Knicks se han traído los contratos de Tim Thomas, Cuttino Mobley y Al Harrington, que justamente terminan en 2010 para hacer hueco a alguno (o algunos) de esos tres jugadores. Evidentemente, tendremos que juzgar estos movimientos en su debido tiempo, es decir, después de 2010, pero los aficionados Knicks lo empezaran a juzgar desde ya. Tienen la mente puesta en Lebron y compañía, pero mientras tanto, ¿aceptaran seguir siendo equipo de lotería de Draft? Y en el caso de que ninguno de los tres firme ¿cuál será el precio que tendrán que pagar? ¿Hasta cuándo no volverán a formar un equipo competitivo? David Stern ha ideado un plan y quiere llevarlo a cabo. Hay que devolver la ilusión y la competitividad al equipo de la capital del mundo y uno de los únicos 3 supervivientes de la temporada inaugural de la Liga, pero pensar ya en el 2010 me parece algo descabellado, y más cuando tu escudo pesa tanto. Como diría Humphrey Bogart en Casablanca, ni siquiera sé lo que haré mañana por la noche, no hago planes con tanta anterioridad.

SAM MITCHELL: CON LA CABEZA BIEN ALTA

6 de diciembre de 2008
No me parece en absoluto Sam Mitchell un gran entrenador de baloncesto. Durante su primer y segundo año en Toronto Raptors adolecía de falta de iniciativa, falta de ideas y solía ir a remolque de la situación del partido o de las decisiones que tomara su colega del banquillo contrario. Como se suele decir en el argot ciclístico, constantemente “haciendo la goma”. Pero era lógico, era un entrenador novato y tampoco había pasado mucho tiempo como asistente ni había probado en el baloncesto universitario.

En su primera temporada apenas pudo contar con Vince Carter en 20 partidos antes de ser traspasado a New Jersey y tuvo que tirar de Jalen Rose y un Chris Bosh que con la salida de Carter comenzaba a concienciarse que el futuro de la franquicia canadiense pasaría por sus manos. Apenas pudieron ganar 33 partidos, lo que igualaba el registro de la temporada anterior. A nosotros ya nos afecta más lo que sucedió al año siguiente. En España tendemos a atacar a los entrenadores de los nuestros, especialmente si no dan mucha bola a los jugadores españoles. Pasó con Hubbie Brown y continuó con Iavaroni en Memphis, McMillan lleva tres años sufriéndolo y Sam Mitchell no podía ser menos. A Sloan nadie es capaz de reprocharle nada y Jackson no ha dado razones, pero aún así… Hay que reconocer ante todo que el José Manuel Calderón de su año “rookie” no era el jugador que es ahora y que la temporada de Mike James, al menos en anotación, era buena. Es difícil sentar a un base que te promedia más de 20 puntos por partido por un novato. Los resultados fueron lamentables, con 27 victorias en temporada regular. Y aquí es cuando cambia la historia en Toronto.

Cambia porque se produce la llegada de Jerry Colangelo, el arquitecto de los Suns de Mike D’Antoni (con la mano del gran Stern detrás de todo). Primera decisión de Colangelo: no cargarse a Mitchell, primer error, segunda decisión: traer a un base con vitola de estrella (o en proyecto de), segundo error. Con un Bosh establecido en la jet set de la liga, Colangelo decide rodearlo de europeos: ya estaba Calderón y llegaron Nesterovic, Garbajosa, Slokar, Bargnani y Anthony Parker (que no es europeo, pero como si lo fuera, ni el marido de Longoria, como he oído en algún telediario). Sorprendentemente, todo empieza a salir bien para la franquicia de Toronto. Se ganan 47 partidos, líderes de división y aumentando la asistencia de público. A pesar de caer en primera ronda, no era momento de cesar de Sam Mitchell. Acababa de ser nombrado mejor entrenador de la Liga.

A la siguiente temporada comienzan a torcerse las cosas para los Raptors. Garbajosa no terminó de recuperarse de su lesión, TJ Ford estuvo fuera más de 30 partidos y los refuerzos de Colangelo fueron Delfino, Moon y Kapono, jugadores que no deberían ayudar al equipo a dar un salto de calidad definitivo. Además de todo, Bargnani demuestra que no es lo que se espera de un número 1 del Draft. Pero en esta temporada se demuestra que Sam Mitchell no es un entrenador con personalidad ni arriesgado, devolviendo los galones y los minutos que su contrato exige a TJ Ford y dejando a Calderón en el banquillo, a sabiendas de que el extremeño era su hombre. 41 victorias y de nuevo cayendo en 1ª Ronda. La paciencia de Colangelo se colma y para ayudar a la reconstrucción del equipo decide desprenderse de Ford y Nesterovic por Jermaine O’Neal, que no es ni la sombra de lo que era. Se marchan Garbajosa y Delfino, su elección del Draft (Roy Hibbert) se mete en el paquete de O’Neal, y para suplir la baja de Ford (14 pts y 8 asistencias en 2007) traen a Ukic y Solomon. El comienzo de temporada de los Raptors se sitúa en torno al 50% de victorias (como la temporada anterior y con peor plantilla) y Sam Mitchell es destituido.
No es un gran entrenador, pero le han desmontado un equipo al que llevó a las 47 victorias. Tenía una de las mejores parejas de bases de la Liga y le dejaron sin recambio. El virus 2010 iniciado por New York Knicks ha dejado a su primer damnificado en Sam Mitchell. Colangelo tiene miedo de que los cantos de sirena de la gran manzana lleguen a oídos de Bosh y en Ontario no sean capaces de retenerle con razones puramente baloncestísticas y es capaz de llevarse por delante a quien sea. Así que el bueno de Mitchell se va, eso sí, nunca perdió la compostura. Es fácil imaginárselo con su traje impoluto, sus corbatas y su andar característico metiendo una caja llena de apuntes en el maletero del coche aparcado a las afueras del Air Canada Center, con la cabeza bien alta.

Para ponerse la piel de gallina

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